Comer fuera siempre ha implicado conocer unas normas mínimas: para qué sirve cada cubierto, cuándo utilizar las manos o de qué manera abordar determinados platos | La cocina actual ha ampliado y alterado esos códigos mediante presentaciones, materiales y formas de servicio concebidas para sorprender | El juego puede resultar estimulante, pero también genera inseguridad cuando cada gesto necesita una explicación y el comensal teme equivocarse | El problema no es que se desconozcan unas reglas nuevas, sino que el restaurante modifique los códigos habituales sin hacerlos comprensibles | Cuando hacen falta instrucciones para entender qué llega a la mesa y cómo se espera que actúe el cliente, la creatividad corre el riesgo de convertir una comida en un examen

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